Jornada de Arquitectura
Anexo
Síntesis informativa sobre El Santuario
Ver imagen de la fachada del Santuario
Historia
A iniciativa del obispo D. José Ma. Portugal y Serratos, en 1890, se inició su construcción, trabajaron en el proyecto el cura Melesio Monge, Doña Rafaela Vega de Hass, Beatriz Aguirre de Andrade y sus hijos y la Sra. Rosario Amador de Martínez de Castro, además de otras damas de la época. El cura Jesús Ma. Echavarría, emparentado con miembros muy destacados de nuestra sociedad, también participó activamente. Más tarde, en 1905, Doña Francisca Bátiz y Bátiz Vda. de Cañedo llevó a cabo colectas para terminar el templo.
En junio de 1911, el Coronel Morelos (porfirista) tomó El Santuario, se apertrechó en su techo acorralado por las huestes revolucionarias, un obispo intervino pidiéndole su rendición a cambio de respetarle la vida, pero fue mayor el encono de los revolucionarios y fue finalmente fusilado en el Panteón San Juan. El edificio conserva en su estructura las huellas de los balazos de aquel penoso episodio de nuestra historia.
El Santuario junto con la Plazuela Rosales fueron por muchos años lo más importantes centros de la vida social de los culiacanenses. Hoy han sido desplazados por otros lugares de recreación y oración.
El templo estuvo a cargo de los presbíteros Manuel y Antonio Orozco Madrigal, desde 1945 hasta 1979. Al primero se le conoció como “El Padre Manuelito”, quien celebró una gran cantidad de importantes ceremonias de las familias de nuestra ciudad. Era un sacerdote carismático, conocido por su bonhomía y don de gentes.
Al cambiar la vocación residencial del barrio que rodea al Santuario por área comercial, este templo debe integrarse a un proyecto integral de rescate del centro histórico, para que los culiacanenses pongamos de nuevo nuestros ojos en este emblemático edificio de nuestra ciudad y no permanezca en el abandono.
El proyecto fue hecho por el Arq. Luis F. Molina, el arquitecto de la ciudad de Culiacán. Por la magnitud del mismo y la salida intempestiva de Molina de la ciudad, el proyecto original fue modificado. Él había levantado ocho metros cuadrados de construcción.
Al edificio se le atribuye el estilo neoclásico, lo que significa que Molina, como muchos arquitectos de su época retomó elementos de la arquitectura clásica greco-romana, sobre todo renacentistas, por lo que es posible afirmar que en nuestro Santuario, en el desaparecido Teatro Apolo, etc., etc., podemos encontrar detalles de ornamentación del Partenón y el Coliseo Romano, por citar algunos ejemplos.
Destaca la decisión de Molina de orientarlo diagonalmente con el fin de aprovechar mejor el terreno, dotarlo de un mayor impacto visual y contar con un atrio de tres accesos, lo que fue muy novedoso para la época.
La idea original no era dejar tal cual el ladrillo aparente, se ha conservado en este estado bajo el pretexto de que sus muros agujerados dan fe de un importante hecho histórico (sic), por tal motivo, nunca fueron aplanados y pintados. Por esta y otras razones podemos decir que este es un edificio que nunca se terminó de construir. Hoy en día no ha habido quien se preocupe por instalar una escultura del Sagrado Corazón de Jesús, que se encuentra amarrada a una de sus columnas.
El altar que hoy admiramos en el Santuario tampoco es el original. Molina diseñó un hermosísimo altar barroco que permaneció hasta 1966, cuando el Padre Manuelito viajó a Alemania y trajo un proyecto de remodelación del altar y la entrada del templo, que es el que hoy tenemos.
Leyendas
Cuentan las malas lenguas que a las damas porfiristas les parecía muy lejos la Catedral para asistir a misa, por lo que pusieron manos a la obra para edificar una parroquia que les quedara más cerca, el Santuario se ubicó entonces en el barrio donde habitaban las familias acaudaladas de la época, lo que hoy es la calle Rosales y Ángel flores al poniente de la ciudad.
Dicen que los primeros cuatro escalones de las escaleras que llevan al coro, son de concreto porque el Coronel Morelos quemó los de madera originales para subir al techo del santuario y no ser perseguido por los revolucionarios.
Cuquito, el niño de tu edad que al perder a sus padres en la Revolución fue llevado a vivir al Hospicio Francisco I. Madero ( hoy Ayuntamiento de Culiacán ), solía pasear por los alrededores del Santuario mientras sus padres hacían las compras acostumbradas en la ciudad.
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Una de esas tardes Cuquito jugaba a los saltitos con un pié en las escaleras del atrio cuando oyó la intempestiva llegada de un grupo de jinetes quienes, con enorme susto, bajaban de sus caballos y no importándoles ir armados hasta los dientes, entraron a este lugar de oración atropellando fieles y limosneros que andaban por ahí, huyendo quién sabe de qué o de quién.
Cuquito los persiguió curioso y, desde una banca, con sus ojos bien abiertos los vio entrar por una puerta gritando: ¡…Apúrense…! ¡Prendan fuego para que nadie más pueda subir! La verdad nuestro amiguito no entendía nada. Así las cosas cuando de repente inició una tremenda balacera, al principio Cuquito pensó ¡es una fiesta! pues esos ruidos como de cohetes sólo los había oído en los bailes de su rancho, al convencerse que eran balazos corrió a buscar un lugar donde esconderse,
Doña Panchita Bátiz y Bátiz quien como todas las tardes estaba en el Santuario rezando un rosario, no supo si el susto que tenía era más por el estruendo de las balas o por sentir bajo su ancha falda a algo o alguien que le apretaba las piernas, un bultito blanco que cuando menos pensó se echó un clavado en sus enaguas. “Soy Cuquito… señora, no me quite de aquí que tengo miedo” le dijo el niño con voz temblorosa. Así, hechos bola, permanecieron un buen rato, tal vez horas, escuchando tronidos de pistolas y metrallas, gritos que decían: Morelos, ríndete. ¡Ríndete! ¡El señor Obispo es testigo de que respetaremos tu vida! Finalmente, sólo oyeron cómo aquellos hombres bajaban por la escalera y cabizbajos salían para ser recibidos por quienes los esposaron y llevaron presos.
Un poco recuperados del susto, Cuquito y doña Panchita salieron temerosos a la calle, al llegar sus padres, Cuquito, atropellando las palabras les contó lo que aquel día histórico ocurrió en el Santuario.
(Esta información fue dada a los niños con una estrategia pedagógica adecuada a su edad)